La hora azul
No, no es la famosa hora azul, aunque quizás tenga algo de ella. Quienes hayan contemplado una sabrán que todo se tiñe de ese color, para cubrir la realidad con un vidrio que la hace intangible, menos real. Es esa hora vacilante, blue más allá del espectro, en la que todo pierde su consistencia y se corrobora nuestra fe perdida en las cosas sólidas, como notar el tacto de una piel tan cierta como la persona que palpita dentro de ella; como el propio peso del cuerpo resumido en los pies. Somos cómplices del delito de no creer en la solidez, de escribir estupideces en el aire. Me propongo, por mi parte, recuperar viejas creencias y abrir mi paladar a los frutos dulces.
No es necesaria la fe en Dios, basta la fe de las cosas creadas, que permite moverse entre los objetos persuadido de su existencia, convencido de la irrefutable realidad de la silla, del paraguas, del cigarrillo, de la amistad. Quien duda de sí mismo está perdido, al igual que quien, temiendo no conseguir hacer el amor, no lo consigue. Se es feliz junto a las personas que hacen sentir la indudable presencia del mundo, así como un cuerpo amado proporciona la certidumbre de esos hombros, de ese seno, de esa curva de las caderas y de su onda que sostiene como un mar.
Claudio Magris, El Danubio
Hace tiempo me juré a mí mismo que si alguna vez viajaba a París debería visitar dos lugares:
1. La tumba de Julio Cortázar en el cementerio de Montparnasse
2. La librería Shakespeare & Co
Me encontré con una tumba festiva y jugetona, tal y como era el cronopio Cortázar. La lápida (si se le puede llamar así) es una flor que se inclina a la izquierda, como mecida por el viento o vencida por su propio peso. Sobre la tumba, rayuelas dibujadas en papel, notas de admiradores escritas en billetes de metro o folios que el tiempo ha acartonado; casi todos escriben agradecidos por lo que Cortázar significó para ellos. Yo también podría decir que soy así y no de otra manera porque leí a Cortázar a su debido tiempo. La flor-lápida está inspirada -creo recordar- en un minicuento de Historias de cronopios y de famas, titulado “Flor y cronopio” (”…el cronopio se acuesta debajo de la flor y se duerme envuelto en una gran paz.”).
La tumba de Julio Cortázar en el cementerio de MontparnasseSupe de la librería Shakespeare & Co por un número de la revista Quimera que ya no conservo. Alguien me dijo que era una librería muy bonita; yo respondí que sí, que lo era, y la otra persona me preguntó que si había estado allí alguna vez. Pues bien, en aquel momento me fastidió que mi única sabiduría fuera la libresca y que, de algún modo, debía recurrir a la experiencia original, la de estar allí y pasearme entre sus polvorientos anaqueles. De allí me llevé Into the Wild, de Jon Krakauer. La película Before Sunset arranca de la librería, con una bellísima Julie Delpy (en el papel de Celine) lanzada al encuentro de un Ethan Hawke escritor (en el papel de Jesse).

Todo fue muy fácil. Esos lugares me acogieron con una familiaridad pasmosa.
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